Ser DJ no es un trabajo (y ninguna clase de arte tampoco)

Estoy hasta los cojones. Hasta los cojones de que la gente diga que mi pasión, aquello en lo que pongo horas y horas, no es un trabajo. Este chiste que se ha hecho popular (ya hace un tiempo, pero sigo viéndolo en todos lados), ha conseguido acabar con los 10 meses que llevaba sin sentir la necesidad de publicar algo en este blog.

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Básicamente, esta broma coloca a los DJs en el mismo saco que los youtubers, lo influencers y los tronistas. Para empezar, ser influencer solamente es el resultado que proviene de alguna actividad (futbolista, modelo, o claro, youtuber), así que de entrada no tiene mucho sentido compararlo al resto. Por otro lado, aunque no soy muy fan del mundo de Youtube, respeto a la gente que vive de ello, pues no deja de ser otro trabajo, por muy mal visto que esté (y como en todos lados, existen buenos y malos, aunque lamentablemente existe mucho contenido de poca calidad, hay mucha gente que se merece poder vivir de su trabajo en Youtube). No me molestaré en lo de tronista.

Ahora, vayamos a donde quería llegar. Porque este chiste no es nada más que una materialización de la ignorancia y los prejuicios que rodean el OFICIO de DJ. Entiendo que la broma en sí sea una burda generalización y que, básicamente, se ha hecho desde esa ignorancia. Aunque eso implica ya no cuestionar las influencias externas, tampoco me voy a meter por ahí. Por lo tanto, no es la broma en sí la que me ofende, porque al fin y al cabo no es nada más que eso, una broma. Lo que me enerva es lo que hay detrás de eso. El esfuerzo que existe por parte de cierta gente por menospreciar ese trabajo.

Pero claro, eso no viene de nada nuevo. Ser DJ, al fin y al cabo, es un trabajo artístico. Y como todo trabajo artístico, está condenado a ser menospreciado por la sociedad. Solamente porque no encaja dentro de los parámetros de lo que siempre se ha considerado trabajo. Es curioso como para algunas cosas la gente ataca a la sociedad de retrógrada pero para otras ni siquiera se lo plantean.

Pensad por vosotros mismos, poned en duda la información mascada e ignorante que recibís antes de asimilarla como realidad. Vivimos en una era en que la información es corrupta, nunca aceptéis algo como verdad sin cuestionarlo antes.

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Somos la generación que cambiará el mundo

Sé que el mero hecho de escribir esto puede resultar algo contradictorio para algunos, pero bueno. Suerte que me importa una mierda. Al fin y al cabo somos seres contradictorios.

Estoy un poco cansado. Cansado de ver las mismas mierdas siendo compartidas por todo el mundo, creando modas pasajeras que a la semana serán reemplazadas por otras todavía más estúpidas. Fabricando trending topics, dando importancia a cosas que deberían pasar más que desapercibidas. Desde cuando nos importa más el color del que se pinta las uñas una mujer que se ha hecho famosa por tener un culo más falso que el anuncio de un premio en internet y por ser ligeramente (para ser suave) gilipollas que cualquier cosa con verdadera importancia en nuestras vidas. Porque no voy a compararlo con los niños de África que mueren cada día ni nada de eso, la demagogia la dejo para otro post. Una cosa es querer distraerse de la vida real, la otra es perder el tiempo de forma indiscriminada.

“Somos la generación que no quiere relaciones”. Este articulo ha sido la gota que ha colmado el vaso. Porque sí, otra moda ahora es que a todo el mundo le gusta leer cosas interesantes, ¿verdad? Porque ahora el término “leer” significa leer el artículo de moda del mes. Hace unos días era ese de “Quiero estar contigo, pero sin ti”, esa subnormalidad envuelta en pseudopoesía moderna, con menos significado y más absurdo que un bebé en triciclo con una metralleta. Por favor. El problema no está en que existan estos artículos ni de lo que “hablan”, el problema es que, por alguna razón que no logro entender, resultan rompedores. Rompedores a pesar de decir exactamente lo mismo con prácticamente las mismas palabras, palabras vacías y que lo único que buscan es eso: ser el artículo de moda entre los jóvenes. Esa generación tan incomprendida, tan especial, que esta creando un nuevo mundo. Esa generación que se define con artículos mediocres (siendo más que amables) escritos por un intento de periodista fracasado (porque ni a eso llega) y con menos profundidad que un charco de meado.

Estoy cansado porque la gente se define mediante algo que no define a nadie ni a nada. Porque todo genera polémica y a la vez todo se permite. Porque un chiste de humor negro enciende a la red por ser demasiado hardcore, siendo avasallado por críticas de moralismo barato para acabar siendo alabado como algo transgresor e hilarante, porque claro, nuestra generación lo permite todo. Pero a la vez veta cualquier cosa. Porque predicamos que no hay que juzgar cuando somos los primeros en criticar al primero que pasa por al lado por tener un peinado raro.

Y sí, formo parte de esta generación. Y sí, no pueda decir que sea completamente contrario a esto, aunque me joda admitirlo. Con lo fácil que es vivir tu vida sin buscar aparentar ser un filósofo descendiente de Platón, sin buscar ser especial haciendo lo que te hace ser igual que el resto del mundo. Predicamos el “Carpe Diem” cuando no tenemos cojones de salir de casa con una camiseta que no haga conjunto con los pantalones, aunque nos apetezca ir así. Nos hemos cargado un término tan poético como viene a ser ese dicho latín, con tanto significado pero ya tan banalizado. “Yolo”, ese solo término se describe por si solo, es el equivalente de “Carpe Diem” pasado por un filtro de apariencias, modernidad y postureo. Pero ni siquiera somos capaces de reconocer lo que queremos, nos andamos con rodeos para no tener que afrontar la realidad y para no tener que hacer de una vez lo que queremos hacer. Porque nos encanta autosabotearnos.

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Adoramos a ídolos que son fotocopias de otros, gente sin ningún talento especial que, por pura suerte o algún arrebato de ingenio o una mezcla de ambas han llegado a ser modelos a seguir. ¿Pero qué clase de modelos a seguir? Reafirmamos su supuesta creatividad, su inteligencia, su carisma, su gran sentido del humor. Pero no tienen nada que no tengas tú y que no tenga yo, solo una larga lengua y un burdo sentido del sarcasmo y del mal gusto. Predicando su odio contra el sistema mientras se alimentan de él y se ríen de la gente que los considera especiales. Son falsos ídolos que hemos decidido seguir sin saber por qué, eclipsando a muchos otros que sí tienen algo que decir o algo que mostrarnos. Pero no les damos la oportunidad. Preferimos abrirles un mundo de posibilidades a gente que no tiene nada que ofrecer (como la moda de los youtubers de ser escritores o DJs, que guay es que te paguen por hacer algo de lo que no tienes ni santa idea porque hagas lo que hagas te idolatrarán).

Estoy cansado porque nadie cumple lo que predica. Estoy cansado porque nadie se atreve a tener voz propia y quien lo hace no lo hace por convicción sino por avaricia. Estoy cansado porque ya no importa lo que haces sino lo que aparentas. Estoy cansado porque nos tratan como si fuéramos imbéciles y nos tragamos todo lo que nos tiran mientras se ríen de nosotros. Porque, por alguna razón, en vez de oponernos a ello y hacernos respetar, les seguimos el juego.

Somos la generación que se cree más especial de lo que es. Nos creemos revolucionarios pero solo salimos de nuestras casas para cubrir nuestras rutinas. Sigo esperando el día en que abramos los ojos y nos demos cuenta que no somos tan superiores como nos gusta pensar.

Os dejo un poco de realidad hablada por aquí debajo, que a demasiada gente le gusta vivir en las nubes.

“Sé fiel a ti mismo”

Esa frase que te repiten una y otra vez. Y otra. Y otra. “No cambies nunca” te dicen. Te dicen que pase lo que pase siempre seas tú mismo, que tus imperfecciones son las que te hacen único. Me parece una gilipollez.

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¿Ahora no tenemos derecho a querer mejorarnos como personas? Una cosa significa cambiar tu forma de ser para encajar o para gustar a alguien, etc., con lo cual yo tampoco estoy de acuerdo ya que sí es faltarte a ti mismo. ¿Pero cambiar como persona? ¿No podemos cambiar de opinión? ¿No podemos cambiar esas cosas que no nos gustan de nosotros mismos? Si eres muy blando y quieres enderezarte para que no se aprovechen de ti, enderézate. Si eres gordo y quieres adelgazar, adelgaza. Si eres tímido y quieres ser más abierto, sé más abierto. Si hay cualquier cosa que no te gusta de ti, cámbialo.

Claro que no es fácil cambiar, puede ser muy complicado y puede costarte tiempo y esfuerzo, ¿pero acaso no valdrá la pena? Y la pregunta es, ¿no seguirás siendo tú mismo? Cambiar cosas de tu personalidad o de tu persona en general si es lo que deseas no te hacen ser menos tú. De hecho, te aproximan más al tú que quieres ser, con el que más cómodo estarás. No dejas de ser tú mismo por mucho que cambies si esos cambios los deseabas.

Poco a poco, si vas evolucionando como persona, te vas acercando a la persona en la que te debes convertir, te vas perfeccionando a ti mismo hasta que tengas solamente aquellas imperfecciones con las que tú estés cómodo y hasta orgulloso. No es fácil, pero vale la pena.

Sí, sé fiel a tú mismo. Pero sé fiel a tú mismo de verdad. Sé la persona que quieras ser.

La verdadera madurez

Siempre solemos sobrevalorar nuestra madurez. Solemos pensar que somos seres muy complejos para nuestra edad, que ya hemos vivido mucho. El problema está en esa obsesión que vivimos con la madurez.

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La gente suele relacionar la madurez con la seriedad, con sentar cabeza, con dejar de hacer ciertas cosas “inmaduras”. No estoy de acuerdo. Yo creo que la madurez no es un punto a alcanzar, sino un estado momentáneo. Y ese estado momentáneo es el momento en que eres feliz. ¿Porque qué hay más maduro que abandonar todo celos, todos los miedos, que aceptar la realidad?. Y es que aceptar la realidad no es solo aceptar que duermes poco, aceptar que tienes problemas con tu pareja, no. El momento en que eres feliz es porque aceptas esa realidad. Puede ser una mañana tomando el café con tu familia o puede ser a las 4 de la madrugada más borracho que una cuba. Pero es ese momento, el momento en que te das cuenta de que estás con la gente que deseas estar, que estás exactamente donde quieres estar, ese momento en que te das cuenta que, en realidad, quieres a todo aquello que te rodea, porque tu vida no sería la que es sin todo ello. Ese momento en que aceptas ignorantemente tus problemas y decides disfrutar de todo aquello que has tenido la suerte de conseguir. Cuando valoras lo que tienes y no deseas tener nada más, porque no lo necesitas. Ese momento de felicidad es el momento en que alcanzas la verdadera madurez.

¿Para qué, entonces, buscar esa meta, esa idealización de ese término ahora ya tan prostituido? Te dicen que madures cuando ellos ni siquiera han sabido aceptar sus propias existencias. La madurez no depende necesariamente de la edad, depende de la persona. Yo me siento maduro porque tomo mis decisiones y acepto las consecuencias, porque sigo mis propias reglas y vivo conforme quiero vivir.

No intentéis ser maduros, no os busquéis responsabilidades, no dejéis de hacer aquellas cosas que deseáis hacer. Para qué. Seréis maduros cuando sigáis el camino que hayáis decidido, cuando aceptéis las consecuencias y cuando te des cuenta de que hay mucha gente que realmente agradeces con todo tu corazón que forme parte de tu vida.

No dejes que la sociedad te diga tu forma de ver las cosas. Deja de intentar madurar, porque en el momento en que aceptes que no es el medio sino el fin, entonces te darás cuenta del poco sentido del término “madurez”. Porque quién prefiere ser “maduro” a ser feliz.

La cultura de aparentar

Vivimos en un mundo muy extraño. Vivimos en un mundo en que es mejor aparentar tener algo que tenerlo, en un mundo en el que todo el mundo dice que hay que respetarlo todo mientras luego juzgan aquello que defienden. Vivimos en un mundo en que no vives para ti, vives para los demás.

Estos últimos años el mundo ha sufrido un cambio muy drástico, tanto para bien como para mal. Sí, hemos avanzado mucho a nivel tecnológico, social, científico… y esos avances han conllevado que la gente cambie. Salta a la vista que la gente joven tiene una mentalidad muy diferente a la generación de sus padres. Repito, para bien y para mal. Vivimos en el mundo de aparentar, o para ser más modernos, vivimos en el mundo del postureo. Sí, postureo, esa palabra que todos usamos veinte mil veces al día y con una connotación tan negativamente positiva.

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Esto lo escribí hace unos meses, pues llevaba un tiempo queriendo hablar sobre este tema, pero no acababa de saber como y puede que no termine de gustarme el punto de vista que estaba tomando. Finalmente hoy ya sé que enfoque quiero darle.

Venga va, hablemos de postureo. Porque como ya dije cuando escribí lo anterior, últimamente ha habido tanto cambios para bien como para mal. Pero el mensaje que quiero dar hoy no es en contra del postureo, ni en contra de nuestra generación ni nada por el estilo. No seré tan infantil. Prefiero comentar otra cosa, y es que en lo que más daño creo que ha hecho el postureo es en camuflar la realidad, la verdadera motivación. Porque ahora todo lo que se hace es acusado de postureo, ya no existen las acciones reales y verdaderas, todo, absolutamente todo, es postureo. Para muchos, tener un blog es puro postureo. Pues me alegro. Es muy probable que en muchos casos lo sea, igual que en muchos otros no lo es. Lo que ni yo haré ni nadie debería hacer es dejar de hacer algo que realmente quiere hacer porque desvirtuen su trabajo o dedicación acusándolo de “postureo”. Que les den, a quién le importa. Si quieres hacer algo, lo haces, como siempre digo, para qué preocuparse lo que piensen los demás sobre tus motivos o motivaciones, lo importante es que tú sepas que son reales y con ello debería bastarte y de sobra.

Pero cuidado, que si alguien quiere tener un blog por postureo, que lo tenga, que cada uno es libre. Lo que no debemos olvidar es que uno de los mayores errores que cometemos es generalizar y no debemos ser tan críticos con todo. No ataques a una persona sin conocer sus motivaciones, especula si quieres, pero jamás te creas conocedor de la verdad. Porque cada uno tiene sus propios pensamientos y eso es algo que nadie más excepto nosotros puede comprender de verdad.

Recuerda que antes de la existencia del postureo la gente también tenía sus opiniones.

No pienses

No lo hagas. Para qué. Para darte cuenta que tomaste la decisión equivocada. Vale, si así fue, ¿y qué? ¿qué puedes hacer al respecto? Porque no por estar pensando media hora sobre lo que deberías haber hecho en realidad vas a solucionar esa decisión mal tomada, lo único que conseguirás es torturarte a ti mismo. Arrepentirte. Y, en el peor de todos los casos, autocompadecerte.

Porque no pasa nada por arrepentirte de tus errores, por algo son errores, pero no por ello debes priorizar hacerte sentir mal a ti mismo en vez de procurar tomar la decisión correcta la próxima vez. Porque la habrá. Y luego otra, y otra, y otra… porque con el tiempo te irás reconstruyendo y mejorando, que no hay que tener prisas en crecer como persona. Pero por favor, cuando cometas un error, no te autocompadezcas. Porque lamentablemente, ese es en muchos casos el resultado de pensar demasiado. Al final terminas por pensar que la culpa no fue tuya, sino que fue de los demás.

Claro, son ellos los que no tienen buen gusto, los que lo hacen todo mal. Porque tú no, claro, tú eres perfecto. Y esa perfección te da el derecho a autocompadecerte, ¿o no es así? Es muy fácil echar la culpa a los demás y muy difícil echársela a uno mismo. Sin embargo, eso no significa que tengas que martirizarte por ello. No pienses tanto y actúa un poco más, materializa tus convicciones y déjate llevar por ellas. No pienses tanto y déjate disfrutar tus imperfecciones.

No pienses, no te autocompadezcas. Vive, supérate a ti mismo y constrúyete. Pero jamás pienses que algo puede acabar contigo, porque ese pensamiento sí lo hará.

 

Me gusta cometer errores

Me gusta cometer errores. Me gusta porque me hace dar cuenta que las cosas no siempre son como pensaba. Me gusta porque me recuerda que por mucho que crea que controle mi vida y que sé como hacer las cosas bien, todavía soy capaz de joderlo todo. Me gusta porque aunque crea que estoy siendo la mejor versión de mi mismo, me permite mejorar todavía más.

Todos cometemos errores. Aunque es algo que siempre intentamos evitar, tarde o temprano tenemos que enfrentarnos cara a cara con ellos, y cuando eso pasa es cuando tenemos que decidir si aceptar esos errores o si renegar de ellos. Si los aceptas, serás capaz de no cometerlos de nuevo y mejorar como persona, pero si reniegas de ellos, tarde o temprano tendrás que volverte a enfrentarte con ellos, y así infinitamente hasta que los reconozcas como tales.

Los hay de muchos tipos: hay errores que son decisiones mal tomadas, otros que toman forma de personas que irrumpen en tu vida de mala manera… pero no sirve de nada martirizarse, porque con el tiempo, aprenderás que son más una bendición que una maldición, que mejor temprano que tarde. Porque a lo largo de tu vida, la cagarás. Y mucho. Tanto con decisiones que tomes como con gente que permitas que entre en tu vida, pero lo peor que puedes hacer es autocompadecerte, porque dar la culpa a otro es muy fácil, pero aceptar la verdad es mucho más complicado. Es tu vida, así que tendrás que acostumbrarte a convivir con ella.

Me gusta cometer errores porque me recuerdan que no soy perfecto. Y me alegro, porque eso significa que siempre seré capaz de mejorar.